Ensamble de Nódulos Sumergidos
Campos de nódulos polimetálicos

Ensamble de Nódulos Sumergidos

En el fondo de la llanura abisal de la Zona Clarion-Clipperton, a cerca de 4 800 metros de profundidad, la presión supera los 480 atmósferas y la temperatura ronda apenas 1,5 °C, condiciones que han moldeado durante milenios un paisaje de quietud mineral casi inconcebible. Una suave vaguada cruza la llanura sedimentaria, donde el barro pálido grisáceo-pardusco —nieve marina acumulada durante millones de años— ha rellenado la depresión y cubre parcialmente los nódulos polimetálicos de manganeso, esas concreciones negras y rugosas que han crecido a razón de apenas unos pocos milímetros por millón de años, nucleando granos de sedimento y dientes de tiburón fósiles bajo una corteza rica en manganeso, hierro, cobalto y tierras raras. En los márgenes de la vaguada, delicados gusanos tubícolas emergen del sedimento blando como filamentos frágiles, y varios holoturianos —pepinos de mar— reposan inmóviles sobre el fango entre los nódulos, digiriendo lentamente el sedimento en busca de materia orgánica particulada, sus cuerpos suaves y vulnerables perfectamente adaptados a este mundo sin corriente apreciable. Puntos distantes de bioluminiscencia azul y destellos ciánicos de organismos a la deriva definen con suavidad los contornos de esta escena sin ninguna otra fuente de luz, mientras partículas de nieve marina descienden en silencio absoluto a través del agua negra, recordando que este ecosistema bentónico, uno de los más extensos y menos perturbados del planeta, existe en perfecta indiferencia al tiempo y al mundo que habita la superficie.

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