Pasaje de peces pipa
Praderas marinas

Pasaje de peces pipa

En las aguas templadas de la plataforma continental, a apenas tres a cinco metros de profundidad, una pradera de *Zostera marina* se extiende sobre un fondo de arena fina y limo pálido, sus largas hojas en cinta fluyendo con la corriente en arcos coherentes y elegantes bajo la luz solar directa que penetra desde la superficie brillante en rayos oblicuos y patrones de cáustica que danzan sobre el sedimento. A esta profundidad la presión es de apenas 1,3 a 1,5 atmósferas, irrelevante para los organismos que aquí prosperan, pero la luminosidad lo es todo: las fanerógamas marinas son plantas con flores verdaderas, enraizadas en el sustrato y dependientes de la fotosíntesis, y su densidad y límite batimétrico son un indicador directo de la transparencia del agua. Entre las palas de eelgrass, microscópicas partículas de plancton y minerales derivan libremente en la columna de agua azul-verdosa, y pequeñas burbujas de oxígeno —producto de la actividad fotosintética— se adhieren a los bordes iluminados de las hojas como diminutas perlas. Clusters de misidáceos translúcidos, crustáceos filtradores del tamaño de un grano de arroz, flotan en suspensión entre los tallos formando nubes titilantes, mientras varios peces pipa —*Syngnathus* sp.— permanecen perfectamente alineados con la vertical de las hojas, sus cuerpos segmentados y sus aletas pectorales casi invisibles contra el fondo de epífitos y verde oscilante, inmóviles salvo por el batir imperceptible de sus aletas dorsales: esta pradera existe como vivero silencioso, un mundo complejo y autosuficiente que no necesita ser observado para persistir.

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